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miércoles, 4 de mayo de 2011

Las frases más destacadas de Ernesto Sábato

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El escritor argentino Ernesto Sábato, fallecido hoy a los 99 años.

Pronunció durante su vida numerosas frases que dan cuenta de

sus reflexiones ante la evolución del mundo, la vejez y la globalización,

entre otras temáticas.

Destacamos algunas a continuación para deleite de nuestros lectores:

- «Siempre tuve miedo al futuro, porque en el futuro, entre otras cosas, está la muerte». (Diálogos con Jorge Luis Borges)

- «Ser original es en cierto modo estar poniendo de manifiesto la mediocridad de los demás».

- «Las modas son legítimas en las cosas menores, como el vestido. En el pensamiento y en el arte son abominables».

- «El mundo nada puede contra un hombre que canta en la miseria. Hay una manera de contribuir a la protección de la humanidad, y es no resignarse».

- «A cada hora el poder del mundo se concentra y se globaliza. La masificación ha hecho estragos, ya es difícil encontrar originalidad en las personas y un idéntico proceso se cumple en los pueblos, es la llamada globalización».

- «¿Qué se puede hacer en ochenta años? Probablemente, empezar a darse cuenta de cómo habría que vivir y cuáles son las tres o cuatro cosas que valen la pena». (Uno y el universo)

- «Habrá siempre un hombre tal que, aunque su casa se derrumbe, estará preocupado por el Universo. Habrá siempre una mujer tal que, aunque el Universo se derrumbe, estará preocupada por su hogar». (Uno y el universo)

- «Se discute si Dalí es auténtico o farsante. Pero ¿tiene algún sentido decir que alguien se ha pasado la vida haciendo una farsa?».

- «¿Por qué no suponer, al revés, que esa continua farsa es autenticidad? Cualquier expresión es, en definitiva, un género de sinceridad». (Uno y el universo)

- «El presente engendra el pasado». (Uno y el universo)

- «El oficio -en el arte-, consiste en que no se lo advierta». (Uno y el universo)

- «¿O será uno de esos seres solitarios y a la vez temerosos que sólo resisten la soledad con la ayuda de ese gran enemigo de los fantasmas, reales o imaginarios, que es la luz?». (Sobre héroes y tumbas)

- «Cada mañana, miles de personas reanudan la búsqueda inútil y desesperada de un trabajo. Son los excluidos, una categoría nueva que nos habla tanto de la explosión demográfica como de la incapacidad de esta economía para la que lo único que no cuenta es lo humano». (Antes del fin)

-«Todo hace pensar que la Tierra va en camino de transformarse en un desierto superpoblado... Este paisaje fúnebre y desafortunado es obra de esa clase de gente que se habrá reído de los pobres diablos que desde hace tantos años lo veníamos advirtiendo, aduciendo que eran fábulas típicas de escritores, de poetas fantasiosos». (Antes del fin)

-«Si nos cruzamos de brazos seremos cómplices de un sistema que ha legitimado la muerte silenciosa». (Ensayo La Resistencia).

El escritor argentino ha fallecido hoy a los 99 años de edad.

FUENTE:
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La hija del ladrón: César Hildebrandt

 

CESARH

Publicado: Diario La Primera 18 de agosto del 2009

 

El Perú tiene varias marcas mundiales en su haber.

 

La marca mundial del narcisismo idiota –categoría pecho y espalda, nado sincronizado, estilo mariposa-, por ejemplo. Narcisismo idiota que se expresa en la frase “Dios es peruano”, o en la creencia de que nuestra comida es insuperable, nuestros paisajes son únicos y nuestro folclore no tiene pares.

   

Los peruanos somos como los brasileños. Lo único que nos diferencia es que no hemos ganado cinco veces el campeonato mundial de fútbol ni hemos tenido a Ayrton Senna –para no hablar de la industria aeronáutica brasileña, del tamaño de su PBI y de las cualidades humanas y éticas de Lula-.

 

Lo curioso es que si un observador imparcial llegara a estas tierras y preguntara a la gente –la gente de este gran pueblo que se supone que somos- por quién votaría en las próximas elecciones, 22 por ciento de los que contestaran dirían: “Keiko Fujimori”. Y entonces ese observador se caería de espaldas.

 

Porque Keiko Fujimori Higuchi es hija del delincuente convicto Alberto Fujimori Fujimori -alias Kenya Fujimori, alias Presidente de la República, alias Pacificador y alias Su Excelencia-, merecedor de tres condenas que suman 38 años de carcelería efectiva.

 

Este ladrón que robaba en sacos, este asesino que empleaba armas del Estado, este peruano que se hizo japonés para eludir la justicia, este japonés que fingió ser peruano para gobernar, este cónyuge que encerró a su cónyuge cuando ésta lo denunció por robar donaciones japonesas, este resumen de todas las taras yakuzo-peruvianas que uno puede imaginar, es el padre de quien se perfila como la próxima mandataria de la nación (así, todo con minúsculas).

 

Y no es que la señora Keiko haya huido de su ADN ni de la maldición de la herencia. Porque la señorita Keiko estudió en Boston con dinero robado por su padre, felonía que ejecutaba Vladimiro Montesinos pero que mandaba hacer el propio Alberto Fujimori.

 

Y eso sería una mancha muy fea en cualquier país donde la decencia fuera un requisito para entrar a política.

 

No es una mancha, sin embargo, en el Perú. Porque en este país, de aparente enorme ego, se tolera todo.

 

Se tolera, por ejemplo, que el programa político de la señora Keiko se resuma en este grito clanesco: “¡indulto para mi papá!” (con lo que el Perú no tendrá una presidenta sino una alcaide y seremos, por fin, lo que Saravá siempre soñó que fuéramos: un vasto Lurigancho).

 

Porque si Dios es peruano, como dicen los huachafos, entonces Satanás también pasó por la Reniec.

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Fujimori en el paraíso: César Hildebrandt

 

CESARH

Publicado en el Diario La Primera: 04 de abril del 2009

 

Escucho a Alberto Fujimori describir su paraíso de opio y compruebo que gente como él sólo puede prosperar en un país que tiene a un 40 por ciento de ciudadanos a los que les da lo mismo –lo dicen reiteradas encuestas- si los rige una democracia o una dictadura.

 

O sea que en el Perú hay un 40 por ciento de ciudadanos que casi aspiran a no ser ciudadanos y que quieren ser, a veces con fervor, vasallos tristes y alegres siervos de la gleba.

   

Detrás del Fujimorismo está la capacidad de sumisión y la arrolladora ignorancia que lastiman el alma del Perú.

 

Escucho a Fujimori y me digo que si hubiera géiseres de cinismo sonarían como su voz.

 

Habla de coraje el hombre al que le temblaba la voz cuando se dirigió a buscar refugio en la embajada del Japón la noche del fallido golpe del general Salinas Sedó.

 

Habla de honor el hombre que emputeció a la Fuerza Armada, hizo del Congreso un chiquero, suprimió el orden constitucional, desconoció su firma y hasta su huella digital con tal de no pagarle una deuda a la madre de sus hijos.

 

Habla de orgullo de sí mismo el sujeto que quiso ser senador japonés para obtener la inmunidad que lo librara del alcance de la ley.

 

Habla de responsabilidad el hombre que llenó 45 maletas de videos, dinero y botines diversos, tomó el avión presidencial y pasó de Brunei a Tokio, donde pidió asilo y desde donde renunció por fax a la presidencia de la República.

 

Habla de amor por la patria el jefe de una banda que saqueó las cuentas del tesoro público por un valor que los más conservadores estiman en dos mil millones de dólares.

 

Habla del veredicto de la historia el sujeto que estaba pescando en Iquitos cuando la policía de la Dincote, sin ninguna ayuda de Montesinos, capturó a Abimael Guzmán, el hombre que huyó del país tras descubrirse cómo es que Montesinos compraba esos congresistas que hoy deben estar frotándose las manos.

 

Qué patético pobre diablo es Fujimori. Se atribuye todos los poderes para las cosas que salieron bien y se pinta como un presidente disminuido, desinformado e irresponsable cuando le mencionan los asesinatos que cometían los criminales a los que él felicitaba, ascendía y amnistiaba.

 

“Yo era comandante de la Fuerza Armada en el sentido en que un entrenador de fútbol comanda al equipo”, dijo ayer destilando la esencia de su legendaria cobardía.

 

O sea que debemos alabarlo por haber “comandado” las Fuerzas Armadas que derrotaron al senderismo, pero debemos exonerarlo de toda responsabilidad cuando esas mismas Fuerzas Armadas mataban ancianos, niños y mujeres en las alturas de Ayacucho.

 

Debemos agradecerle el haber sacado al país de la crisis económica en la que nos hundió Alan García –quien hizo tanto para que Fujimori lo sucediera-, pero tenemos que olvidar que con él todos los derechos del trabajador fueron abolidos, todo asomo de equidad fue perseguido, toda corrupción en el proceso de las privatizaciones fue posible.

 

Tenemos que decirle gracias por la paz con Ecuador –Tiwinza incluida, derechos de navegación ecuatorianos en ríos peruanos incluidos- pero no podemos recordarle su repugnante papel en la derrota peruana del Cenepa, cuando nuestros soldados carecían de logística, comunicaciones y, en muchos casos, de rancho y de zapatos.

 

Debemos ser gratos con su régimen porque “refundó el país” (Fujimori dixit), pero tenemos que olvidarnos de que quince de sus ministros o están presos o están con orden de captura por ladrones.

 

Debemos ser Fujimoristas por las escuelas que sembró el Fonades, pero no debemos evocar la prensa inmunda que él creó para ensuciar a sus adversarios y, seguramente, “elevar el nivel cultural”.

 

Este demócrata que cerró el Congreso, este honrado que permitió la rapiña más grande de la que se tenga noticia, este ciudadano ejemplar que convirtió a un edecán en fiscal para entrar a robar maletas en la casa de Trinidad Becerra, este hombre decente que tuvo como socio a Montesinos, este estadista al que defienden sujetos como Saravá, este ángel que vivió entre aLimañas, este hombre ejemplar que dio un golpe de Estado cuando su esposa, en un rapto de bendita locura, denunció los asaltos de la hermana Rosa y del cuñado Aritomi a la caja de Apenkai, este probo encubridor de Miyagusuku, esta vergüenza que grita lo que lee y juega con la voluntad de olvidar de los peruanos, este señor Fujimori, en suma, sigue siendo exactamente el mismo miserable que la miseria moral adora y hace suyo.

 

El secreto de Fujimori es que ha convertido en socialmente exitosos los peores vicios de la “peruanidad”: la crueldad en el tumulto, el cinismo como método y, sobre todo, la cobardía elevada a la categoría de función vital.

 

El triunfo de Keiko Fujimori, de darse, será el resumen vistoso de la tragicomedia nacional y una prueba de que hay países económicamente pujantes y moralmente inviables.

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Perú, la nefasta carambola: Diario ABC (España)

El país se debate en el dilema de dos candidaturas funestas para la segunda vuelta de las presidenciales del 5 de junio

 

Puede un país, al que le va bien, quizás por primera vez en la historia, optar por la automutilación? ¿Puede una sociedad con consenso en enjuiciar que sus últimos diez años han sido una época de bonanza y tranquilidad decidir acabar con esta tendencia y sumirse en las peores tradiciones de discordia, tensión y aventurerismo? Puede. Los españoles ya lo deberían saber. Pero ahora son otros quienes nos revelan cómo la abdicación gratuita del sentido común puede llevar a un país a un dilema en el que sólo elige ya la cara de los responsables de poner en peligro su Estado de derecho, su hacienda y el futuro de sus hijos. Es Perú, son los peruanos.

 

Pocas cosas habrá menos confortantes que estar convocado a las urnas el próximo 5 de junio en Perú. No serán pocos los peruanos que prefirieran pagar la multa de 70 soles, unos 20 euros, por no cumplir con su obligación de votar. Como tampoco se anuncia menor el voto en blanco y el nulo por manipulación de la papeleta.Son los intentos del votante de sustraerse al dilema que surgió con el resultado de la primera ronda de las elecciones presidenciales peruanas del 10 de abril. Habían concurrido tres candidatos que defendían posiciones similares y razonables, además de un milico golpista «chavista» y la hija de un expresidente condenado por terribles delitos de lesa humanidad y robo continuado a su país. Dirán ustedes: «¡Qué suerte los peruanos, tres candidatos razonables!». Pues no, porque los tres candidatos que representaban opciones sensatas, similares entre sí, fueron lo suficientemente insensatos, soberbios e irresponsables como para mantener hasta el final sus tres candidaturas.

 

Como niños convencidos de que cada uno de ellos era el capricho de las masas. Luis Castañeda, Pedro Pablo Kuczynski y Alejandro Toledo son así grandes culpables de que los peruanos tengan que elegir ahora entre dos amenazas a la democracia, Ollanta Humala y Keiko Fujimori. Algo habría que decir también del presidente saliente, Alan García, que ha liquidado al partido histórico Apra con un personalismo que ya sólo lo tiene dedicado a diseñar su vuelta, otra vez, dentro de cinco años. Su mandato ha sido bueno, pese a que todos temían lo peor, recordando su nefasto paso por la presidencia entre 1995 y 2000, en el que despilfarro, corrupción y violencia lo impregnaron todo.


García, un buen presidente

 

Que después de aquella terrible experiencia, los peruanos volvieran a elegir en 2006 a García tiene algo de primera experiencia de elección entre males que en estas elecciones dentro de cinco semanas alcanza niveles de paroxismo. Alan García ha sido un buen presidente cuando nadie lo pensaba. Pero la oportunidad de demostrar su enmienda sólo la tuvo gracias al miedo de los peruanos a caer en manos de Ollanta Humala. ese oficial guapito pletórico de ganas de entrar a la historia de los caudillos revolucionarios, de llegar a ser un Castro con los métodos y el dinero de Chávez y crear un Estado indigenista, comunal, nacionalizado y a la postre socialista y totalitario. Alan García no cometió en su segunda presidencia las tropelías de la primera, pero puede haber cometido la suprema al haber favorecido este resultado que, todo hace indicar, va a llevar al poder al hombre al que él cortó el paso hace un lustro. Los sondeos dan a Ollanta Humala una ventaja del 6 por ciento sobre Keiko Fujimori.

 

¡Elijan, elijan, el militar golpista o la hija del ladrón golpista! Obtuvieron tan sólo el 31,7% y el 23,6%. Una mayoría absoluta está en contra de ambos. Los tres candidatos «ilustrados», Kuczynski, Toledo y Castañeda, con un 18,5%, un 16,5% y un 9,8% respectivamente. ¡Fíjense que cómoda mayoría para un Perú tranquilo, razonable y amable! Pero el canibalismo entre esos candidatos robó a los peruanos la alternativa tranquila. Y será una de las dos opciones nefastas la que se imponga el 5 de junio. ¡Qué fatalidad! ¡Qué mala broma de la historia! Cuando tan bien le estaban yendo las cosas a este país que hace veinte años estaba hundido en la miseria de la hiperinflación, el disparate y un terrorismo enloquecido. Credibilidad y crecimiento habían labrado esta historia peruana de un éxito reconocido por todos. Que amenaza con hundirse de forma gratuita, innecesaria, absurda. ¿Se habría evitado con un mayor énfasis en la redistribución de la riqueza? Siempre es un argumento. Lo cierto es que Perú ha crecido y ganado en todos sus estratos sociales —no por igual por supuesto.

 

Ya se perciben los terribles efectos que conlleva verse obligado a optar por una de estas «joyas de la probidad democrática, que diría el cínico de Keiko y Ollanta. Porque hay que tomar postura. Y en el momento en que se opta por uno, se asume, aunque sea lo último que se quiera, la defensa del otro candidato. Con lo que se acaba defendiendo lo indefendible. Aunque sólo pretenda ser una defensa de uno mismo o la justificación de un voto impensable en otras circunstancias.

 

Ahí está Mario Vargas Llosa que explica su voto a un militar golpista con el argumento —basado en un deseo que no en un hecho— de que Humala, bien reconducido y presionado, pueda ser más un Lula que un Chávez. Nada lo indicaba así hace unas semanas, con un programa que habla de nacionalizaciones, experimentos sociales y control a los medios. Y que recuerda a la pesadilla de la dictadura de Velasco Alvarado de 1968 a 1975 que llevó a Perú al desastre izquierdista. Pero lo que pretende realmente el propio Ollanta ya se verá. Pese a que no le creen ni quienes le van a votar, gracias al Premio Nobel, no pudo empezar mejor la campaña de segunda vuelta. Tiene el apoyo abierto del Brasil de Lula y Rousseff, que ya se comporta como un imperio en la región. Y tiene capitales intereses en Perú como acceso al Pacífico.

 

Pero debe su ventaja sobre todo a quienes, por miedo u odio a Fujimori padre, prefieren la aventura del milico que piensan —como pensaban las sociedades venezolana, ecuatoreña o boliviana—, no podrá ser al final tan malo como parece. La sociedad limeña no se lo perdona al escritor. Estas pasadas semanas se dicen pestes de él. Dicen que antepone su venganza contra Fujimori a los intereses del país. Que jamás digirió su derrota, que abandonó el país y que ahora ayude a un militar izquierdista a llegar al poder. Desde fuera y con la nacionalidad española. Entre los más duros críticos de Vargas Llosa está Jaime Baily, el brillante escritor y polemista que está en campaña activa a favor de la candidatura de Keiko, por quien por supuesto no siente afecto alguno. Pero considera que jamás podrá hacer tanto daño y sobre todo de forma irreversible como se teme de Humala.

 

Da la impresión de que Vargas Llosa se impondrá a Bayly. Y que muchos firmes defensores de la libertad y la sociedad abierta, como la revista «Caretas» con su director Marco Zileri o el escritor y periodista Gustavo Gorriti, han decidido ya que la peor amenaza que ven es la excarcelación y el retorno de una mafia de Fujimori y en el peor caso de Vladimiro Montesinos, su valido de mente criminal.

 

Otros se suman desde una prudente equidistancia. En la esperanza de que sea un Parlamento fraccionado el que impida que Humala se exceda en sus aventuras izquierdistas y autoritarias. Ahí podrían estar el escritor y gran pope de la radio Raúl Vargas y el periodista de «El Comercio», Aldo Mariátegui. En salir del callejón con mucho cuidado. Evitar que el país se rompa y asumiendo el lustro próximo como una travesía de la que salir con el menor daño posible.

 

Pero en otros muchos se nota ya el miedo a criticar a Ollanta como antes lo hacían. Y a elevar la virulencia de la crítica al «fujimorismo» como si ya se hubiera decretado como doctrina de Estado. Se hace fuerte una prudencia que revela temor a la represalia por venir. Como si tras años de gozar una libertad que se ha traducido en libertad y reconocimiento, ya se estuviera Perú preparando para una era en que, de nuevo, la llamada de madrugada pudiera no ser del lechero.

 

FUENTE:

http://www.abc.es/20110501/internacional/abci-peru-carambola-201105010228.html

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